27 de marzo de 2017

MENDOZA - LAS HERAS: FUNCIONARIOS DE LA PRIMERA ETAPA DE LA DICTADURA MILITAR.

I

FUNCIONARIOS DE LA PRIMERA ETAPA DE LA DICTADURA MILITAR
LAS HERAS

Más allá de la proliferación de ámbitos de derechos humanos en dependencias de todos los poderes y en todos los niveles, poco se sabe, no casualmente, de los colaboradores en cada ámbito de una dictadura que lo fue cívico-militar.
Por eso tambien, funcionarios de aquel periodo lo han seguido siendo durante el proceso democrático.

En el caso de la Municipalidad de Las Heras, la Ordenanza 42/05 sancionada a instancias de un proyecto que presenté por el bloque FORJA,  constituyó el 7 de julio de 2005 una comisión (CODEPP), que debía “”jugar un rol activo en el esclarecimiento de los atropellos que se produjeron durante la dictadura y en la investigación de aquellos casos y oportunamente elevar a la justicia  todos los antecedentes que haya producido su labor”.
Lejos de haber investigado al respecto, (hay que recordar que Miranda fue funcionario político de primera línea del ex intendente peronista FURFURI, que también lo  fue de la dictadura) terminaron distinguiendo a ex presos vinculados al sector de izquierda del peronismo,  denunciados por corrupción en el seno del Concejo Deliberante.  Y también por mí ante la Fiscalía de Estado. AYASA SA. mediante.

A 41 años se impone investigar e identificar a los colaboradores de aquella etapa.
Un acuerdo político de las derechas de los tres partidos tradicionales, ocultó la trama de la colaboración durante la represión, la persecución, los crímenes y el genocidio.

Lo que posibilito impunidad y permitió que descendencia biológica e ideológica permaneciera mimetizada y actuando en las sombras; apareciendo según la circunstancias.
Otra de mis hipótesis es que en el peronismo, sus sectores radicalizados, hicieron un acuerdo.

Lo que explica la presencia de ex militantes de su izquierda conviviendo con despreciables personajes de la extrema derecha; sin que ni unos ni otros abran a boca. Conviven. En silencio.

En algunos casos mezclados con la corrupción.

Se impone abrir los archivos de todas las dependencias institucionales y sociales e investigar el colaboracionismo

La que a continuación transcribo es la nómina de la mayor parte de los funcionarios de la primera etapa de la dictadura en el Departamento de Las Heras. Marzo a junio de 1976.
Producto de nuestras investigaciones en el concejo deliberante hace más de 10 años.
Este es nuestro homenaje a los que no están.

En particular a mis compañeros.
Y a Juan Carlos Romero. Ex concejal justicialista, dado de baja por decreto Nro. 151 del 19 de mayo de 1976 firmado por MARCANTONI Y AGUIRRE y luego asesinado.


CONTEXTO REPRESIVO PARA CON OBREROS Y EMPLEADOS

DECRETO 81 - ABRIL 30 de 1976
AVALA DECRETO LEY 93-INTERVENCION MILITAR PROVINCIA-Ley 21260
“…dar de baja por razones de seguridad hasta el 31.12.76 al personal de planta permanente, transitoria  contratado…..que de cualquier forma se encuentre vinculado (preconicen o fomenten)  a actividades de carácter subversivo o disociadores….sin necesidad de sumario administrativo o actuación previa…… Contra tal medida no procederá recurso alguno”.
TAMER YAPUR/RAMIREZ DOLAN/CARLOS CUADRA-JOSE MARCANTONI/ELOY AGUIRRE





Y en el medio del dramatismo lo tragicómico

DECRETO NRO. 212-JUNIO 4 DE 1976
“Aplicase al empleado municipal, JOSE VICENTE CORDECCI, un apercibimiento por encontrarse durante la mayor parte de las horas de oficina con las manos en los bolsillos”



Los lacayos lasherinos de la dictadura en Las Heras fueron:
Mayor José Dionisio Marcantoni
Vice comodoro José María Pellegrini
Dr. Alberto Fugazzotto
Ángel Chila
María teresa Patti de Ruppi
Alfredo Senatore y Bruno Bastianelli



DECRETO N° 1-24.3.76
Mayor JOSE DIONISIO MARCATONI
Comisionado Militar

ELOY MARIO AGUIRRE
Secretario de Hacienda y Administración

ALVARO DEL ALAMO
Director de Obras Públicas y Encargado de Pavimentación

Dr. CANDIDO PILLIEZ (renuncia  15.6.76)
Instructor sumariante  para la búsqueda de un reloj desaparecido de la comuna

Contador LUIS BELLIDO
Contador Municipal

ROBERTO DAVID NAVARRO
Director de Rentas

ABEL CESAR ROA
Coordinador General de la Comuna-Jefe de Despacho

MARCELINO VELAZQUEZ
Jefe Oficina de Compras y Suministros

MARIA DELIA MONTANELLI DE IACONO
Directora Interina de Obras Privadas

NELIDA CABRERIZO
JOSE AGUSTIN FLORES CACERES

ALICIA ZOTTANO DE MORAN
Directora Interina de Obras Públicas y Privadas

WILLIAM EDUARDO YAZLLI
Recaudador Municipal de la Comuna

RAUL BERNARDO TORRECILLA-BIOQUIMICO
CELIA OLGA CONA-DRA.
CARLOS ALBERTO RODRIGUEZ-DR.

CARLOS ATILIO VELASCO
Director de Cultura

MYRTA DE GLIELMI Arquitecta
ANGELA POLETTO Ingeniera Agrónoma
FLORENCIO MONDATTI Ingeniero Civil
SAMUEL ARMANDO BERJELI

MAURICIO DIAZ
Consejo de Uniones Vecinales
ANGEL CHILA
C.I.P.A

EMILIO LAMOR (renuncia 15.6.76)
LUIS VITAL VIAL
Tesorero Municipal


JUAN CARLOS ROBERTO BORIOSI BRUNO
Médico Veterinario Municipal
En reemplazo de su padre ROBERTO BORIOSI que se jubiló y renuncio el mismo 6.5.76

MIRTA JIMENEZ DE PAZ, Licenciada en Geografía
NORMA JESUS NACIF, Ingeniera Agrónoma
HERYS BENEGAS DE GUTIERREZ, Técnica dibujante
POLLETO, ANGELA EDITH
CHECERE ROBERTO
CARLOS EDUARDO MENA

AUGUSTO GASTON FONTANA
Secretario de obras públicas y privadas

ANTONIO VICENCIO
Director de Servicios Públicos

VIDAURRE OSVALDO
LEYTON OSCAR RAMON

DR. EDMUNDO MORCOS-Instructor sumariante

ARQ. RODOLFO ERNESTO ROSAS
Secretario de Obras Públicas y Privadas


EL DIA 15 DE JUNIO DE 1976 ASUMIO COMO INTENDENTE MUNICIPAL
EL VICECOMODORO JOSE MARIA PELLEGRINI.
OTROS COLABORADORES OTRA ETAPA.

Roberto Velez
155510678


ORFEBRES DE LA MEMORIA.

ORFEBRES DE LA MEMORIA

Producto de una investigación tan rigurosa como cuidada, el libro“Colectivos y Parcialidades Políticas y Sociales, los desaparecidos y asesinados de Córdoba en los ’70, quepublicó la Editorial de la FFyH, aporta datos inéditos y organicidad a un trabajo sobre la militancia en un período histórico intenso, de fuertes luchas y ebullición popular, que el Terrorismo de Estado buscó aniquilar. Silvia Romano, directora del proyecto, investigadora y responsable de la edición y Norma San Nicolás, investigadora integrante del equipo,  desmenuzan un material valioso e imprescindible.
“En el libro está el 80, 85 por ciento –no podemos precisarlo aún, por la complejidad del período, y por tratarse de datos sensibles- la adscripción política de los y las militantes que participaron, de una u otra manera, de las luchas políticas y sociales que sacudieron Córdoba entre el 69 y el 83, que es el período histórico que nosotros abordamos en la investigación”, cuentan en una luminosa mañana de marzo, Silvia Romano y Norma San Nicolás, responsable y autoras de capítulos del libro “Colectivos y Parcialidades Políticas y Sociales, los desaparecidos y asesinados de Córdoba en los ‘70”, que junto a contribuciones de otros autores y autoras, publica la Editorial de la FFyH. Un minucioso trabajo sobre la participación y la trayectoria pública de hombres y mujeres que fueron parte de un proyecto político revolucionario, y que precisamente por eso fueron destinatarios principales del aparato represivo estatal antes y después del 24 de marzo, que de manera clandestina, abierta o paraestatal (como fue el caso de la Triple A en el ámbito nacional y el Comando Libertadores de América en Córdoba) puso todo su poder y engranaje burocrático al servicio de la muerte y la desaparición de esas humanidades.
“Este libro es el resultado de un trabajo colectivo de muchos años, que representa una continuidad y, a la vez, una profundización en la laboriosa tarea de reconstruir el universo de las personas que resultaron víctimas del terrorismo de estado en/de la historia reciente de Córdoba”, señala Carol Solis, coordinadora del Programa de Derechos Humanos de la FFyH, y responsable de presentar el trabajo a fines de diciembre en el auditorio del Cepia. La actual vicedirectora de la Escuela de Historia de la FFyH, agrega: “Se podría decir que se trata de un libro y de dos a la vez, puesto que presenta una actualización de la nómina de personas desaparecidas y asesinadas en/de Córdoba entre 1969 y 1983, a la vez que integra aportes específicos respecto de algunas de las tramas y conflictos en los que esas trayectorias biográficas y públicas discurrieron, inscribiéndolas en una continuidad represiva que va de la dictadura de Onganía hasta la  iniciada por Videla”.


Presentación del libro en diciembre de 2016.



Ante un desafío tan complejo como el de armar el rompecabezas de la represión, Romano aclara que “algunos de quienes están en el libro no tienen su adscripción política, aunque sabemos que eran militantes de tal o cual organización. Pero, al no estar publicada en ningún medio público, ni ventilarse en un juicio oral, ni ser confirmada por sus familiares, no podemos publicarla, más allá de que sabemos cuál era la organización en la que militaban”.
Para la investigadora, la diferencia con “Historias Recientes de Córdoba”, el anterior libro publicado por el equipo en 2013, “éste último ofrece más organicidad al abordar los colectivos y parcialidades”.
-¿Se podría decir entonces que aquí están todos los grupos políticos de Córdoba?
Sí, nosotras decidimos no publicar las pertenencias políticas en el libro anterior porque habíamos llegado a una conclusión: teníamos los dos tercios de los colectivos políticos, porque la Ley de Habeas Data no nos permitía publicar todos si no teníamos autorizaciones expresa de los familiares, o que estuvieran publicadas en algún medio o fueran parte de los testimonios en el marco de un juicio oral. Teníamos muchos datos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y de ahí sacamos muchas pertenencias políticas, pero el EAAF se negó a que las hiciéramos públicas porque son datos confidenciales. De todas maneras, esa base fue de vital importancia para avanzar en la identificación e ir completando el rompecabezas”, dice Romano.
Para las investigadoras, otro aspecto novedoso es que descubrieron también “una serie de tránsitos de los militantes de una organización a otra. El problema es que tantos unos como otros grupos reivindicaban a la misma persona, o no los incluían entre los propios porque se habían cambiado de organización. Algo lógico en una situación política de gran efervescencia como fueron los 70”, resaltan Romano y San Nicolás, y completan: “No era fácil identificarlo con tal o cual organización, y por eso elegimos incluir la última pertenencia política para poner las cifras. Con ello hicimos un mapa de las agrupaciones que existían en ese momento, y como se fragmentaron o unieron; lo que fue publicado en Historias recientes”.
-¿Por qué “de” Córdoba?
-El recorte es un recorte de historia política, por lo tanto lo que se reconstruye es cómo ese ciclo de protesta social, que nucleó a una enorme cantidad de gente, que coexistió, participó en los mismos espacios -por eso es un colectivo pero a la vez parcialidades-, ocurrió en un período determinado, que va de mediados de los 60 a mediados de los 70, y transitaron por Córdoba. Sean estudiantes, trabajadores, militantes o refugiados. Aunque algunos tuvieron un paso fugaz, lo importante es que militaron, trabajaron, estudiaron en Córdoba” señala Romano.
En este sentido, Romano cuenta que “el otro objetivo del proyecto es recuperar las imágenes de los noticieros de Córdoba sobre protestas, manifestaciones, actos,  asambleas, marchas, detenciones, conferencias de prensa, porque viendo esas imágenes pudimos localizar a personas que estaban en ese período y que luego serían desaparecidas”.
Por eso, agrega la investigadora, “este recorte de historia política que presentamos está atado a que hayan salido en la tv, las dos cosas están articuladas. Buscamos reconstruir la trayectoria pública de los protagonistas y fuimos acumulando imágenes de esa ebullición. Luego convocábamos a familiares, amigos, compañeros de trabajo y de militancia, para poder identificar a los protagonistas de las imágenes. Las imágenes dialogan continuamente, nos iban tirando pistas”. Para ambas fue importante el hecho de haber sido militantes: “Fue importante para acceder a mucha información, porque veíamos las imágenes e íbamos identificando gente. El hecho de haber sido protagonistas abrió caminos entre los ex militantes y sus familiares, generamos confianza. Y la segunda cosa es que nosotros dejamos de ser sectarias, como éramos en los 70 (risas). Nos importan todos y por eso incluimos a todos, por lo tanto estamos con toda la libertad de llamar a todos para identificarlos”, reconocen las dos.
Ni víctimas ni héroes, militantes
Con este nuevo trabajo, el equipo del proyecto Patrimonio audiovisual, derechos humanos e historia reciente, radicado en el Centro de Documentación Audiovisual y el CIFFyH aborda un tema  espinoso, complejo, porque no siempre la dimensión política de los y las militantes tuvo el mismo consenso o aceptación en la sociedad. Apenas terminada la dictadura, en el auge de la “Teoría de los dos demonios”,  se evitó reconocer la pertenencia política  y se instaló la idea de que los militantes fueron “chicos inocentes que estudiaban y trabajaban sin tener nada que ver”, y no fue así, afirma San Nicolás: “Todos o al menos su inmensa mayoría tenía una identidad política, una pertenencia a algún grupo político y ejercían  un accionar militante de tipo  social, político, gremial”. También explica que tampoco fueron “héroes”, como se los quiso catalogar años después. “No fueron ni una cosa ni la otra”, coinciden ambas. “Lo que pasa es que al principio de los 80 no había consenso para introducir la pertenencia política de los militantes, sobre todo en las organizaciones  revolucionarias. Había mucha estigmatización, circulaba el “por algo será” y ese tipo de caracterizaciones en la sociedad. Esto empieza a cambiar con el surgimiento de HIJOS a mediados de los 90, y a partir de un proceso de maduración de la sociedad, que empieza reivindicar –aunque tibiamente todavía-, la militancia política de sus padres”, tal como lo planteamos en el artículo “La militancia de los 70…” del libro Historias recientes…
Para quienes fueron protagonistas de una época intensa en lo político, “lo que hace este libro es completar la identidad política de los militantes. Es decir, que fueron destinatarios de la represión precisamente por su compromiso político, que fue siempre nuestro discurso. Los mataron y desaparecieron por su militancia política, estudiantil, sindical, barrial, por adscribir a un proyecto revolucionario, de transformación social. Ahora, con este último libro decidimos jugarnos porque incluir la pertenencia política es una parte esencial que permite completar la identidad  de los desaparecidos y/ o asesinados. Nosotros no abonamos la idea de que fue una represión indiscriminada, no. Se reprimió a la militancia política. Discutimos con el equipo si la incluíamos junto a los nombres y nos jugamos. Y todos fueron víctimas del Terrorismo de Estado, porque en todo caso muchos formaron parte de grupos insurgentes y el Estado debe garantizar el derecho a la vida y la justicia, y no lo hizo. El discurso fue que todos eran subversivos y por eso se los aniquiló”, añade Romano.
Rompecabezas para armar
El proceso de trabajo de búsqueda de información en distintas fuentes y de identificación en registros audiovisuales que llevan adelante Romano, San Nicolás, Paty Palacios y Malvina González  Lanfir (en fotografía digital) y el resto del equipo que las acompaña desde hace años, es tan minucioso y cuidado, que abruma tanta tenacidad al servicio de la memoria, porque parece una tarea interminable. “La idea del rompecabezas está siempre en la tapa de nuestros libros, porque hay archivos de la represión que fueron destruidos o los han ocultado” dice Romano; “aunque yo sospecho que están microfilmados en Estados Unidos”, observa San Nicolás. Romano duda, su hipótesis es más casera: “Para mí están acá, en algún lado del país, porque los militares y sus cómplices civiles eran burócratas, existe una burocracia de la represión”. Ahora, en lo que ambas coinciden es que “hay un pacto de sangre y silencio muy notable”. Como será de complejo terminar el rompecabezas, que advierten que “la gran mayoría de pruebas de los juicios son testimonios de las víctimas sobrevivientes, más algunos otros documentos que son colaterales sobre ascensos y felicitaciones  a los represores, que te pueden llevar a alguna hipótesis, pero  las listas, informes, fichas que utilizaron para concretar la represión son pocas, casi que no hay” .
Si bien el trabajo es descomunal por la información cuantitativa y cualitativa que aporta, “el libro es rengo en muchas otras parcialidades”, sostiene Romano y San Nicolás asiente con un movimiento de cabeza. “Queríamos incluir más información de trabajadores, de gremios, de mujeres, de empleados públicos. En las estadísticas están, porque hay una sobrerrepresentación de los universitarios que tiene que ver con el acceso a las fuentes, con la posibilidad de acceder a los archivos universitarios. Esta documentación se conserva de manera casi íntegra, y tuvimos posibilidad de verlos. Fue fundamental, poder  entrar a la mayoría de los archivos y revisar una a una las fichas de los estudiantes, en las cuales pudimos registrar los datos y las fotos de las personas y compararlas con las imágenes en movimiento, además de ver que muchos militaban o estudiaban en algún lado. Para darte un ejemplo, encontramos 10 o 12 desaparecidos más Arquitectura, que no se sabía que estudiaban esa carrera, a pesar del excelente trabajo realizado por la comisión de homenaje de esa Facultad. Es oscuro el tema, porque siempre se dice que los desaparecidos o asesinados eran en su mayoría trabajadores o estudiantes. Y nosotros buscamos poner claridad en las cosas, porque había muchos estudiantes trabajadores y mucha proletarización, que era una opción entre la militancia”.
– ¿Qué archivos faltan, gremios, empleados públicos?
– Sí, de esas organizaciones y de las empresas también, aunque una parte obtuvimos de  empleados municipales.  El trabajo sobre los gremios es la segunda etapa del proyecto, cuenta Romano.
-¿Qué otros aportes tiene el libro?
Hay varios y muy interesantes, resume Romano. Está el artículo de  Juan Ignacio González, que trabaja la militancia en la Universidad Católica a fines de los ’60, con la experiencia de la Agrupación de Estudiantes Secundarios (AES) Es muy interesante y poco estudiado, aunque fue una universidad que tuvo un fuerte protagonismo político, donde surgieron militantes que después van a tener mucha participación, algunos los matan en Trelew, o van a ser parte de otras organizaciones, como Montoneros, aunque también hubo de OCPO y otras posiciones políticas. Fue tal la magnitud de la Católica, que después muchos de esos estudiantes se sumaron al movimiento de estudiantes de Córdoba, migrando hacia la UNC, o a la militancia y al trabajo en distintos ámbitos.
Sumamos también el artículo de Abel Bohoslavsky, ex -militante del PRT, que vivió y fue protagonista y dirigente de una huelga de médicos no rentados entre el año 72 y 73. Hay un montón de notas de la tv de los médicos no rentados, porque fue una lucha muy importante y reconocida en Córdoba. Eran médicos del Hospital Rawson y de varios lugares. El autor hace una crónica de esa experiencia de la huelga, y cómo lograron un triunfo. Encontramos en esas imágenes un montón de personas para el libro, tarea en la que también contribuyó Abel.
La otra es la experiencia es la del Taller Total. Gonzalo Pedano hace un relato en primera persona de cómo fue su proceso de investigación desde antropología de la memoria, y va relatando el desarrollo del Taller Total y de los conflictos por la memoria de esa experiencia político pedagógica.
Y luego el texto de Norma sobre la Facultad de Filosofía y Humanidades, que toma diferentes documentos generados por docentes de la UNC que respaldan el accionar del gobierno militar y desmienten la represión en Córdoba.  Revisa también resoluciones de la FFyH  que muestran la actividad de la intervención militar, el sustento político e ideológico de docentes enrolados con el nacionalismo católico y su influencia en la facultad, además del accionar efectivo de personal de la Universidad como Gabriel Pautasso, ligado a los servicios de inteligencia.
El fundamento de San Nicolás es que “la represión no hubiera sido posible sin el respaldo e inteligencia y seguimiento de todo un sistema de delaciones. Para ello utilizaron unas nóminas que había mandado a hacer el rector Menso a López Carusillo en el 75, con la universidad intervenida por la gestión Ivanissevich, que hace un relevamiento de a cada Facultad. Ahí hay datos de los estudiantes y docentes, su lugar de trabajo, domicilio, domicilio de los padres, o sea, información clave para la represión. Muchos legajos de alumnos fueron utilizados en los campos de concentración.
El último capítulo, elaborado por Silvia Romano (al igual que la presentación del volumen) introduce la nómina documentada de los desaparecidos y asesinados de Córdoba en los 70, dando cuenta de las características de la misma, los criterios de su construcción desde 2007 y del trabajo con fuentes diversas realizado en la investigación, reflexiones acerca de los contenidos y de los gráficos elaborados e incluidos en el capítulo, que representan -en porcentajes y números- algunas de las parcialidades que contiene la nómina, así como las imágenes obtenidas en los registros de la televisión de una centena de víctimas del terror estatal.

EL EQUIPO

El equipo de investigación está conformado por Silvia Romano (directora del proyecto e investigadora), Norma San Nicolás y Paty Palacios (integrantes investigadoras) y Malvina González Lanfir del CDA (digitalización de fotos). Otros integrantes del equipo, algunos investigadores que desarrollaron su líneas vinculadas y otros asistencia técnica son: Agostina Gentili, Gonzalo Pedano, Juan Ignacio González, Pedro Sorrentino, Renée Torres, la ayudante alumna Paula Romani  (ayudante alumna) y Eliana Díaz (adscripta).
Envío:Abajero

GABRIELA HALAC Y EL LIBRO VISITAS A LA PERLA.

27 de marzo de 2017 
GABRIELA HALAC Y EL LIBRO VISITAS A LA PERLA
“No hay reparación frente a la muerte y la tortura” 
La poeta, editora e investigadora cordobesa produjo un excepcional texto performático que surgió a partir de una residencia para artistas que realizó en 2011 en el ex centro clandestino de detención. “Yo sentía más la necesidad de escuchar que de decir algo”, señala.
“La Perla es una historia de una densidad tan profunda que no podemos evadirla”, subraya Halac. 
Por Silvina Friera 
“La memoria es una herida abierta cuya condición de existencia es su fragilidad”, plantea la poeta, editora e investigadora Gabriela Halac en Visitas a La Perla, publicado por Ediciones DocumentA/Escénicas, excepcional texto performático que surgió a partir de una residencia para artistas que realizó en 2011 en el ex centro clandestino de detención, tortura y exterminio La Perla, por donde pasaron 2500 personas, de las cuales la gran mayoría continúa desaparecida. Pronto se dio cuenta de que ese ámbito, que hoy es un Espacio para la Memoria y Promoción de los Derechos Humanos, era “demasiada experiencia para un solo cuerpo” y se le ocurrió llevar visitas, ser una especie de guía que no traza recorridos ni explica cómo están distribuidas las parcelas del horror, pero que invita a recorrer, a caminar, a mirar. Una guía que escucha, registra y sigue a esa red de amigos que fue convocando: la profesora mexicana Ileana Diéguez, que trabaja las problemáticas del arte, la memoria, la violencia y el duelo; el artista Lucas Di Pascuale, la artista Indira Montoya, el dramaturgo y director teatral Cipriano Argüello Pitt, la artista Estela Capdevila, el diseñador gráfico Lucas Chami, el psicoanalista César Mazza, el escritor, curador y performer Aníbal Buede, el colectivo de artistas “Hilando las Sierras”, el fotógrafo Rodrigo Fierro, la directora y dramaturga Jazmín Sequeira y la filósofa y bailarina francesa Marie Bardet. Leer más La biblioteca roja “

¿Qué sobrevive de La Perla en nosotros”, se pregunta la poeta y editora cordobesa que acaba de desenterrar una biblioteca con 100 libros del patio de una casa en Córdoba (ver aparte). “Yo creo que es una pregunta que no tiene una respuesta unívoca, pero sí tengo la certeza de que sobreviven muchas cosas. Y es también una pregunta sobre qué sobrevivió en los que no fuimos víctimas directas de La Perla, pero las esquirlas llegaron a nuestra infancia al vivir la escuela primaria en dictadura y lo que eso implicó, en cómo construimos nuestro vínculo con la política, en historias que escuchamos y que nos siguen dando miedo porque están muy fragmentadas y tienen muy pocas condiciones para ser reveladas; entonces están como en un pozo de agua. La Perla es una historia de una densidad tan profunda que no podemos evadirla”, subraya Halac en la entrevista con PáginaI12. 

–Escuchó nombrar La Perla por primera vez cuando un primo de su madre volvió del exilio en 1984. Cuando estaban en la playa, le llamó la atención la espalda de ese primo, que parecía una coraza, por las cicatrices de la tortura en La Perla. ¿Esta es la primera imagen que tiene? 
–Sí, era un cuerpo raro y extraño para mí. Se notaba que había una experiencia vital trágica, de sufrimiento. Cuando yo lo conocí, era la primera vez que él volvía a la Argentina. Yo tenía 12 años y no me animaba a preguntar y en ese momento fue que escuché por primera La Perla como un lugar. La Perla es un lugar que escapa a la razón y a cualquier tipo de explicación que pueda darle un borde delimitado, algo que en algún momento podamos terminar de relatar.

–En la visita con el dramaturgo y director teatral Cipriano Argüello Pitt, él observó, en un campo lindante a La Perla, una frase que dice: “La oración es la fuerza del soldado y la debilidad de Dios”. ¿Qué explicación encontraron a ese hallazgo? 
–Esa imagen no está más porque se demolió cuando el Equipo de Antropología Forense estuvo excavando y buscando cuerpos en La Perla. Ese monolito ha desaparecido, quedó en el libro y quedó en nuestras preguntas. Mi interés es justamente por esa racionalidad estallada, donde cada uno la puede abordar desde un lugar singular. No hay una respuesta sobre esa oración, hay muchas. Uno de los grandes fracasos de nuestra historia política tiene que ver con la imposibilidad de asumir esas voces diversas y de leer lo mismo de distintas maneras, sabiendo que quizá ninguna de esas lecturas es la cierta. Si hubiéramos sido capaces de soportar esas tensiones de las diferencias, quizá ninguno hubiera estado tan lejos del otro porque hubiera habido un espacio de escucha. Visitas a La Perla es un espacio de escuchas. Yo sentía más la necesidad de escuchar que de decir algo, como si buscara un acto de reflexión sobre qué pasa hoy con los sitios de memoria. Yo reconozco la importancia fundamental de recuperar esos espacios como espacios de memoria, pero no me deja de perturbar la monumentalización de una memoria que se cristaliza en un relato acabado. Para mí la memoria está llena de lagunas también y hay asumir esas lagunas para poder seguirlas bordeando y que sigan entrando aportes para navegarlas. A veces he sentido que ese espacio abierto está para ciertas formas de pensamiento o para ciertas voces instituidas y no para todos.

–“La Perla no me trae recuerdos de mi adultez, sino que es una infancia permanente”, dice la artista cordobesa Indira Montoya y después agrega que no es posible reparar el daño: “no creo que con una acción futura el pasado mejore”. ¿Coincide con este planteo? 
–Indira es una artista performer, una persona muy lúcida, por eso la elegí para que me acompañe porque sabía que iba a correrme los límites de mi propio pensamiento. Yo coincido con ella que con una acción futura el pasado no va a mejorar, pero sí creo que no abandonar el pasado es una actitud no sé si reparadora, pero sí de acompañamiento para esas personas que han sido víctimas de ese pasado y que siguen entre nosotros. Para mí los actos de memoria son sostener una mano. Y no son gestos menores porque son gestos de reconocimiento que nos permiten a lo mejor tener un presente más amable y de una humanidad que integra ese pasado, lo reconoce y lo hace consciente. Las repeticiones parten básicamente de la negación; el negacionismo es la antihistoria. Si bien es cierto que no reparamos el pasado con acciones que hacemos hoy, sí creo que son formas de construir el presente. El pasado es esa densidad, esos sustratos sobre los cuales estamos parados hoy. No hay reparación frente a la muerte, la tortura y la apropiación de niños. No hay reparación y hay que asumir todo lo que eso trae por detrás…

–¿Qué implicó estar en La Perla con las 10 visitas durante dos meses? 
–Estar en La Perla genera una consternación muy grande, todo se vuelve solemne y el vacío es inmenso. Es un lugar alejado, a 5 kilómetros de Córdoba, y el paisaje es increíble. Indudablemente los militares tenían esa cosa tan sádica de ser personas que le daban mucha importancia a la prolijidad, a su aspecto personal, a la limpieza de los lugares, a la poda de los árboles, a tomar distancia en la escuela, al peinado de los niños en la escuela, a la blancura de los delantales… Todo eso es lo que tengo en mi memoria de esa época: el control excesivo sobre las cosas y un intento de normalización permanente de todos. La contracara de ese control es el horror, el resultado de sentirse dioses… Yo todavía sigo sin poder decirlo, sin poder encontrar una forma de decir qué es lo que hicieron. No lo puedo narrar, todavía es parte de una sensación muy corporal, de mucho trauma… No puedo leer los testimonios de lo que hicieron sin quedarme como al borde de un abismo, totalmente fuera del mundo. El horror en La Perla estaba sistematizado: cada espacio tenía su función. Una de las cosas que me propuse con las visitas fue ir a La Perla en horario de oficina: iba todos los días cuatro horas, como para hacer que se volviera una costumbre, pero nunca me dejó de pasar algo tremendo con La Perla. No pude habitar nunca ese lugar sin sentirme absolutamente movilizada.

–¿Qué pasa con estos espacios de memoria cuando se abren al público y las personas que lo visitan se sacan selfies? 
- El gran desafío es que La Perla no se convierta en un lugar turístico. El título de este libro señala el problema: Visitas a La Perla. Cuando fui por primera vez, lo que hicieron fue una visita guiada. Para mí es una problemática la visita guiada porque te anula como sujeto comprometido en el lugar. Mis hijos, por ejemplo, no han hecho visitas guiadas en La Perla. Prefiero que no sepan nada más que el gran dato de cuánta gente murió ahí, 2500 personas; que eso les alcance. Cuando entrás a guiar, te ponés en un lugar de distancia: hacés una visita por la sala de tortura, por el lugar donde estaban detenidos, como si te mostraran las habitaciones de una casa. Eso genera un distanciamiento. En mis visitas yo no informaba nada y mi pregunta era ¿qué somos capaces de hablar nosotros hoy en este lugar? ¿De qué vamos a hablar? Yo no tenía la menor idea, pero confiaba en que el lugar seguía emanando el mismo horror, como lo dijo Indira. Eso que emana el espacio uno lo puede captar y vivenciar en la medida en que uno está enfrentando sus propias preguntas y establece un hilo con las cosas que escuchó, que supo o que se preguntó. Si no se puede establecer ese contacto personal con el lugar, te quedás como un turista que va a un lugar histórico más y que se puede hacer una selfie. En un lugar de aniquilación del cuerpo y la subjetividad, la construcción de la subjetividad y la inscripción del cuerpo para mí es importante. Ileana Diéguez recuerda que el síntoma ha sido problematizado como “una interrupción en el saber, un ‘signo secreto’ que agujerea lo supuestamente conocido”. Yo me sentía en contacto con los síntomas que cada uno llevaba al lugar. Visitas a La Perla es un espacio que está lleno de síntomas que van apareciendo con mucho de lo que quedó agujereado en nuestra historia, y aparece algo que para mí es fundamental en la constitución subjetiva que es la vulnerabilidad, los lugares de incertidumbre donde uno no sabe muy bien cómo pararse. México es el lugar donde la desaparición está sucediendo hoy, entonces para mí era importante tener una voz mexicana como la de Ileana.

–El psicoanalista César Mazza dice, durante su visita a La Perla, que “estar acá es un gran eje respecto de cómo articular lo privado en lo público”. ¿Qué pasa con la articulación entre lo público y lo privado en La Perla? 
–Lo primero que te pasa cuando escuchás el testimonio de un sobreviviente es que estás escuchando algo que no deberías escuchar porque forma parte de un trauma, de su intimidad más íntima. Más que la palabra privado a mí me gusta lo íntimo. La palabra privado tiene implícita la idea de privación y de obturación, en cambio la palabra intimidad tiene un sentido mucho más interesante para desplegar y te lleva a una zona en la cual el sujeto está tan involucrado que en el momento en que te comparte esa intimidad te está haciendo parte. Mi sensación con lo privado es que te estás metiendo en un campo que no deberías. En los estudios sobre la memoria la articulación entre lo íntimo y lo público es permanente. No se puede pensar lo público sin lo íntimo. O asumís esos lugares íntimos de acuerdo a lo que esa persona está viviendo o directamente los expropiás. Hay mucha expropiación de la vida privada en nuestra sociedad por la forma en que estamos expuestos en ese aparente vínculo con la intimidad del otro, que es falso. Hay un profundo desconocimiento del otro porque lo que está faltando son espacios de encuentros concretos, donde verdaderamente haya una implicancia. Es muy cómodo estar opinando en Facebook, sintiendo que se hace una participación política desde ese lugar. Pero cuando estás con el otro presente, entrás a jugar en otro territorio mucho más limitado y más complejo, que implica respeto y conocimiento. Mi gran miedo es usar la biografía de los otros y la experiencia de los otros para algo que me sirve a mí. La única forma de no caer en ese lugar es nunca olvidarse de la reciprocidad y de lo que el otro necesita. ¿Por qué son 10 visitas y no son 333? Entrar en la zona donde el otro hace una elaboración y te participa y estás tomando esa experiencia de manera respetuosa, devolviéndosela combinando con el otro qué es lo que se va a mostrar de eso, implica un montón de tiempo. Eso es lo que creo que nadie tiene hoy: tiempo para darle a los otros.
Fuente:Pagina12